sábado, 17 de enero de 2009

Carpe diem!

Tras algunos dimes y diretes entre cierto colega y el que escribe, esta semana me propongo -a ver si lo consigo, aunque mucho me temo que no- ser breve para que así nadie se queje de la extensión de los comentarios.
Durante la semana, ¡que por cierto ha seguido siendo gélida!, hemos normalizado nuestros hábitos tras el parón navideño. Hemos estado viendo los complementos del verbo: C. de régimen (con este nombre parece que la gramática lo ponga a dieta), C. agente y los diferentes complementos circunstanciales (lugar, tiempo, modo, lugar, compañía, cantidad, intrumento...), pues no debemos olvidar que no es lo mismo acostarse a las diez (CC tiempo) que acostarse con diez (CC de compañía).
Asimismo, excepto el exabrupto ("salida de tono, como dicho o ademán inconveniente e inesperado, manifestado con viveza") de Aitor cuando puse las fechas de todos los exámenes, recuperaciones incluidas, y el concierto de mucosidades con el que Alberto nos deleitó a primera hora de la mañana (a más de uno nos revolvió el desayuno), la semana ha transcurrido sin pena ni gloria.
Por otro lado, hemos comenzado a hablar del Renacimiento que es uno de los periodos de esplendor de las letras y artes españolas, de hecho se le denomina Siglo de Oro, pues la Edad de Plata comprenderá, siglos después, del año 1898 al 1936.
Renacimiento y Humanismo van de la mano, ya que supone un renacer de la cultura del mundo clásico griego y latino, así como una valoración del ser humano por encima de todo (antropocentrismo). Este giro del teocentrismo (Dios como centro) al antropocentrismo (hombre como centro) se ejemplifica en el dibujo de Leonardo da Vinci conocido como El hombre de Vitrubio. Este grabado ilustra el interés por las proporciones corporales ajustadas a un canon. Su ingenio le permitió imaginar la forma suprema de perfección: un hombre con las manos y los pies extendidos, encajado en un círculo cuyo centro fuera el ombligo y, al mismo tiempo, en un cuadrado en el que la distancia entre los pies y la cabeza fuera igual a la longitud entre brazo y brazo.
La invención de la imprenta en 1455 por el alemán Johannes Gutenberg supuso una gran revolución cultural, como en nuestros día lo ha sido Internet, ya que el saber y conocimiento se democratiza y llega a todos, ya no estará sólo en manos de la Iglesia.
Es a partir de esta época cuando la lengua castellana puede denominarse española, ya que se convierte en el idioma común en todos los territorios del Imperio. También es el idioma de moda, como ahora lo es el inglés. Una cita atribuida a Carlos V (nieto de los Reyes Católicos) así lo corrobora:

El castellano es para hablar con Dios,
el francés para hablar con los hombres
y el italiano para hablar con las mujeres.
Cuando estuvimos viendo El nacimiento de Venus, cuadro de Botticelli, pudimos conocer la historia de cómo nace la diosa del amor, de la belleza y de la fertilidad. Saturno le cortó los testículos a su padre Urano (¡uff, duele sólo de imaginarlo!) y los arrojó al mar, donde su esperma se mezcló con la espuma de las olas, de las que nació esta diosa. Más de uno ha sabido por primera vez que al pubis femenino se le llama también monte de Venus o del amor, ¿por qué será? Me quedo con las ganas de poner un dibujo ilustrativo, pero como sé que dará que hablar y el censor mayor pondrá el grito en el cielo, me abstengo.
Me haríais sumamente feliz y dichoso si dedicarais unos minutos de vuestro precioso tiempo a visionar la bella historia de amor entre Orfeo y Eurídice (les encantará por partida doble a los apasionados de los dibujos animados japoneses o anime). Gracias, David, por la rectificación, ya dicen que la ignorancia es atrevida...


Asimismo, os dejo un fragmento de la película de El club de los poetas muertos en la que se trata el tema del carpe diem, el cual a lo largo de esta semana profundizaremos con Garcilaso de la Vega y su soneto XXIII.

Por último, ya hemos iniciado los ensayos de las obras que representaremos en la Casa de la Cultura, cuyo debut será el viernes 15 de mayo a las 20 h. Quiero agradecer a los/as alumnos/as que han accedido a convertirse en actores y actrices por su dedicación y buena disposición, así como a Conchi, la directora, por su entusiasmado apoyo y todas las facilidades que nos da para llevarlo a cabo, al igual que a Pablo por hacerse cargo de los decorados. Con todo, a excepción del golpetazo que me di en una de mis nalgas con la pizarra y mi inoportuna e impropia expresión de dolor, esa primera toma de contacto con los diferentes personajes transcurrió mejor de lo esperado. Eso sí, desde ya pido encarecidamente que se eleve el tono de voz y se pronuncien todas la vocales, dejemos el acento villenero aparcado y, aunque os parezca una pronunciación pija, por favor, esforzaos y hacedlo.
A continuación indicaré las diferentes obras breves que pondremos en escena y cómo queda el reparto:

Las aceitunas de Lope de Rueda
Toribio: Senén Zapater Martínez
Águeda: Sheila Soriano Navarro
Mencigüela: Montana Valiente García
Aloja: Cristina Payá Carpena

Los pobres de Carlos Arniches
Señá Librada: Alba Domene
Señá Justa: Jade Ribera Valdés
Señor Celipe: Adrián Delgado Santana
Pendingue: Vicente Linares Mora

Ganas de reñir de los hermanos Álvarez Quintero
Martirio: Ana Soriano Micó
Julián: José Ferriz González

Los chorros del oro de los hermanos Álvarez Quintero
Mercedes: Estefanía Vilanova Navalón
Juan Manuel: Sergio Pascual Hernández
Juanita: María Vidal Vañó

Cartas de amor a Mary de José Luis Alonso de Santos
Joe: Francisco Rubén Lillo Davó
Mac: Héctor Ruescas Belda

Balada del Manzanares de Ignacio Aldecoa
Manuel: David Tomás Mataix
Pili: Noelia Ayelo Rodríguez

Farsa de la Lunar y la Muerte de Alfonso Zurro
La Lunar: Mayka Rodenas Beltrán
La Muerte: Alejandra Herrera Pisco
Don Cosme: Alberto Berbegal Moreno
Ricardito: Francisco Mas Flor

P. S.: A todos/as y cada uno/a de vosotros/as agradeceros vuestro entusiasmo en este teatro, pues los que no participan como actores o actrices se han ofrecido para ayudar en los decorados o en lo que sea necesario.
Aunque no se lo haya preguntado, supongo que Juan Carlos (gracias por tu toque científico a este blog) y David (don Gruñoncete) echarán una mano en el sonido y demás necesidades que puedan ir surgiendo.
A María la risueña y demás amigas (perdonadme que no me sepa vuestros nombres) les doy la bienvenida porque sé que son seguidoras de este cuaderno de bitácora. ¡Hay que verlas sonreír a las 7:55 h! ¡Le alegran a uno el día!

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domingo, 11 de enero de 2009

Meretrices, hechiceras y maestras de hacer virgos

Después de este paréntesis navideño -breve para algunos/as- nos volvemos a encontrar en este nuestro rincón virtual, ¡eso sí!, con un frío de mil demonios, energías renovadas y estrenando todo lo que Sus Majestades de Oriente han tenido a bien traernos. No obstante, todavía no se nos ha puesto en hora el reloj biológico, pues las clases a primera hora de la madrugada todavía se han hecho duras para ciertas personas. Tranquilos, a mí el primero y la legaña era bastante reacia a desprenderse del párpado. Con todo, ya veréis como esta semana se hacen menos pedregosas y duras.

Durante estos días hemos estado hablando de una de las obras cumbres de la literatura castellana, La Celestina, a mitad de camino entre una novela y una obra de teatro, pero que por sus 21 actos es casi imposible de representar íntegramente por lo que realmente se escribió para ser leída.

Los tres temas de la obra de Fernando de Rojas, su autor, son universales, esto es, se han tratado desde la Antigüedad hasta nuestros días, por lo que aún siguen vigentes: 1) el amor, 2) la muerte y 3) la codicia.




1) El amor

El amor es una pasión incontenible con un fuerte deseo sexual (loco amor), es decir, que todo el día están pensando en tener esos fabulosos y sensacionales encuentros erótico-festivos-sexuales. Sin poder evitarlo me viene a la mente lo que alguno de vuestros compañeros diría de una manera mucho más fina y delicada.
De hecho, Melibea cae rendida a los atributos, ¡perdón!, "encantos" de Calisto y le entrega su bien más preciado: su virginidad.



CALISTO.- Oh angélica imagen, oh preciosa perla, ante quien el mundo es feo. Oh mi señora y mi gloria, en mis brazos te tengo y no lo creo. Hay en mi persona tanta emoción que me impide sentir todo el gozo que poseo.

MELIBEA.- Señor mío, pues me fíe de ti, pues quise cumplir tu voluntad, no sea de peor condición, por ser amable, que si hubiera sido esquiva y sin misericordia; no quieras perderme en tan breve placer y en tan poco espacio. Que las cosas mal hechas, después de cometidas, son difíciles de arreglar. Goza de lo que yo gozo, que es ver y acercarme a tu persona; no pidas ni tomes aquello que, una vez tomado, no podrás devolver. Guárdate señor, de dañar lo que con todos los tesoros del mundo no se restaura.

CALISTO.- Señora, pues por conseguir este favor toda mi vida he gastado, ¿cómo podría, cuando me la dan, desecharla? Ni tú, señora, me lo mandes, ni yo podré hacerlo. No me pidas tal cobardía; no es propio hacer tal cosa de nadie que sea hombre, mayormente amando como yo, nadando por este fuego de tu deseo toda mi vida.

Observamos que Calisto arde de deseo y está como una moto, intentado persuadirla para que acceda al acto amoroso (¡menudo eufemismo!). Melibea, casta y pura, procura contener al fogoso Calisto. A pesar de sus intentos, éstos resultan vanos, pues como bien reza el refrán: "El hombre es fuego, la mujer estopa, llega el diablo y sopla y sopla...". Del mismo modo, el Ministerio de Sanidad les recomendaría a los ardientes enamorados que visionaran el siguiente anuncio para que tomen buena cuenta del mismo, pues en situaciones comprometidas debemos pensar con la cabeza y no con otros órganos de nuestro cuerpo. No obstante, aunque en esta época ya se conocía el preservativo, Calisto y Melibea usarían probablemente el coitus interruptus o más conocido como marcha atrás.



MELIBEA.- ¡Oh mi vida y mi señor! ¿Cómo has querido que pierda el nombre y corona de virgen por tan breve deleite? ¡Oh pecadora de ti, mi madre, si de tal cosa fueses sabidora, cómo tomarías de grado tu muerte y me la darías a mí por fuerza! ¡Oh mi padre honrado, cómo he dañado tu fama y dado causa y lugar a quebrantar tu casa! ¡Oh traidora de mí! ¿Cómo no miré primero el gran yerro que se seguía de tu entrada, el gran peligro que esperaba?

A la pobre muchacha le vienen los remordimientos por el qué dirán y por su padres, pero son efímeros y vuelve a pecar con su amado unas cuantas veces más. No hemos de olvidar que hasta no hace mucho la virginidad de la mujer era muy importante y esencial, pues una chica permanecía virgen hasta que su himen fuera roto por el embate de un pene. Si se encontraba entero se le consideraba tradicionalmente como el signo más seguro y la “mejor evidencia ” de la virginidad. De hecho, todavía en algunas culturas y religiones es condición sine qua non (imprescindible) para acceder al matrimonio, lo que supone el buen nombre y honor de la familia. Con todo, las costumbres cambian y hoy en día, según las últimas estadísticas, la mayoría de jóvenes pierde su virginidad a partir de los 16 años, por lo que este tema ha pasado a mejor vida y está ya bastante trasnochado.
Asimismo, observamos el machismo imperante en esta época y que pervive en la nuestra, ya que al hombre nunca se le ha juzgado por su virginidad ni se le ha sometido a pruebas para determinar si la posee o no. Incluso estaba bien visto que el hombre se estrenara en su juventud con una meretriz, quien experta en las artes amatorias le enseñaba todos los encantos.
Por otro lado, también corren multitud de leyendas urbanas acerca de la pérdida de la virginidad, la mayoría infundadas y sin ceñirse a la realidad.

2) La muerte


En esta obra muere hasta el apuntador y ya no es un paso necesario para alcanzar la vida eterna como veíamos en la Coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique (concepción medieval), pues los personajes se mueven guiados por el impulso del aprovecharla al máximo (carpe diem).


3) La codicia

Única y exclusivamente los personajes de las clases bajas y marginales (criados y prostitutas) actúan por conseguir dinero.

Sin lugar a dudas, el personaje que brilla con luz propia es el de Celestina, que da título a la obra y se lo robó a los dos protagonistas, pues recordemos que en su origen se denominó Tragicomedia de Calisto y Melibea. Esta "puta vieja", hechicera, alcahueta, maestra de hacer cosméticos y de reparar virgos tiene su precedente literario en el personaje de la Trotaconventos del Libro de Buen Amor. Sobrecoge por su inteligencia, astucia y malicia, lo que le lleva a manipular al resto de personajes a su antojo y en beneficio propio.

En cuanto a uno de los oficios de Celestina, el de reparar virgos (himenoplastia) todavía se sigue haciendo en nuestros días, aunque el relevo lo han tomado las clínicas de cirugía estética en el que por unos 3000 euros reconstruyen el himen (membrana que cubre el orificio externo de la vagina de las mujeres vírgenes). Aunque su función biológica es todavía desconocida, su función social era considerada un símbolo mitológico en muchas culturas y religiones. El "himen intocado", o "la cofia de doncella", se consideraba sello de garantía de la virtud y la pureza de las jóvenes.


En esta intervención quirúrgica se estrecha el conducto de entrada a la vagina y así, durante la primera relación sexual tras la himenoplastia, el pene tiene un impedimento fuerte (como si estuviera el himen).


Dejando estos temas, lo cuales más bien correponderían a Juan Carlos, el profe de Biología, pues no pretendo hacer intrusismo profesional ni tampoco es que sea excesivamente ducho en esta lides, os paso una foto que tan amablemente me ha remitido vuestra compañera Estefanía de un calendario, donde debajo de la fecha pone el nombre de los santos del día, habrá olvidado que los monosílabos NUNCA se acentúan, excepto el de la tilde diacrítica. Asimismo, la abreviatura de Óscar no es, ni mucho menos, O. Con razón dicen que la ignorancia es atrevida.

Y si de antropónimos (nombre propio de persona) seguimos hablando, divertidísima es la presentación que por gentileza de Estefa nos llega, donde más deuna carcajada aflora.



Me gusta comprobar que cada vez más alumnos/as utilizan palabras más elevadas y cultas en sus comentarios, en las que ponen un asterisco con el significado de la palabra (Ana Soriano fue quien sentó precedente). Me hace llorar de pura emoción que mis blogueros/as enriquezcan de esta forma su caudal léxico.

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